El conflicto de la salud sólo tiene víctimas. Todos los involucrados, directos e indirectos, son víctimas de sus aciertos y de sus torpezas, de sus debilidades y fortalezas. El Gobierno lo es de sus equivocaciones, que nacen en la resolución de la protesta policial, a cuyos reclamos cedió por la fuerza de la queja salarial. El desenlace prácticamente obligó por contagio a los autoconvocados a salir a la calle, ante la prueba evidente de que el Poder Ejecutivo sólo se doblega frente a las manifestaciones callejeras y las expresiones de presión. Sin embargo, para los "azules" hubo dinero, para los "blancos" las arcas están vacías.
El gobernador, José Alperovich, reclamó una tregua hasta que se retomen nuevamente las negociaciones salariales; o sea hasta el año próximo. Puede ser un reclamo desde la impotencia o una posición de dureza frente a los trabajadores de los hospitales. Como sea, el Ejecutivo resultó víctima de su incoherencia, y de la que no se hace cargo, porque da a unos lo que a otros niega. Al margen, hay una lección para los agremiados o no agremiados: frente a los hechos, si quieren conseguir algo, hay que salir a la calle.
Una salida, aunque sólo el propio mandatario la puede merituar como conducente en su fuero íntimo, es ir a pedir un auxilio financiero de la Nación para afrontar este drama económico. Excusas le sobran al titular del Poder Ejecutivo para presentarse con la mano extendida ante la presidenta, Cristina Fernández, pese a las versiones sobre que cayó en desgracia en materia de favores. En Tucumán, como distrito electoral, el oficialismo le puede garantizar los puntos necesarios para evitar un balotaje, a partir de los 500.000 votos que se dan por descontados que logrará el Frente para la Victoria. ¿Acaso no es una buena moneda de cambio? Pero, de números y de canjes políticos sólo puede entender Alperovich. Claro que pedir socorro económico a la Nación lo mostraría como dueño de una gestión desordenada, algo que se vino cuidando de exponer. Menos aún llevar al plano nacional un conflicto que quiere mantener fronteras adentro.
Tal vez no crea que electoralmente el conflicto le vaya a restar votos y que su reelección está asegurada como para no doblegarse igual que con los policías. Un sector del gabinete entiende que conceder un aumento generaría conflictos en cascada "a la hora, no a la semana" de otorgado, según un funcionario influyente. Lo cierto es que el Gobierno es una víctima más de la realidad.
Los autoconvocados también son víctimas de su ilegalidad como organización, lo que permite que el poder los ningunee y no los sume a la mesa de los arreglos. Paradójicamente la debilidad del PE frente a los policías fortalece sus pretensiones y los obliga a buscar nuevas medidas de fuerza para sortear los planteos ante la Justicia. Ahora bien, ¿se animará el Gobierno a recurrir a la fuerza policial para hacer desistir de la lucha a los médicos de una organización ilegal, a la que no pueden invitar porque no la reconocen? Los autoconvocados son los heridos de un arreglo que no los alcanzó, de una realidad que los supera, de un Gobierno que les pide tregua y que les dice que no tiene dinero, y de su propia inercia conflictiva. Están condenados a seguir para ganar o a resignarse a perder. Son víctimas de sus necesidades, de sus demandas y de lo que otros lograron con presiones y protestas. Pero hay más víctimas, las verdaderas y anónimas, las que necesitan acudir a un hospital público, las que sufren un conflicto que no les pertenece, a los que de un lado y del otro les piden paciencia. Hoy, el necesitado de salud, es más paciente que nunca, una víctima de los que se victimizan.